“SIN TEMOR”
Una reflexión respecto al miedo en el campo teológico
Por José Antonio Altamirano
El miedo no tiene límites mas los que el mismo individuo le impone, surge desde lo profundo como resultado de la influencia de lo externo. El miedo tiene la característica de trastornar el ánimo y el accionar de la persona, haciéndolo, en muchas ocasiones, tomar decisiones no muy meditadas o no muy acertadas. El miedo se apropia de las voluntades y subyuga a las personas a un lamentable estado de ignominia. En la vida diaria se deben afrontar circunstancias que pondrán a prueba tanto nuestro valor como nuestras convicciones; situaciones las cuales rebasan, en muchas de las ocasiones, nuestra capacidad de reacción e inhiben nuestro desenvolvimiento actitudinal y procedimental. En todas las áreas de nuestra vida puede presentarse el miedo, en todas nuestras relaciones puede aparecer el miedo, en todas nuestras metas y propósitos puede entorpecer el miedo; es, como vemos, un enemigo que subyace a nuestra naturaleza.
¿En el área espiritual existirá el miedo? No existe en el área espiritual, el área religiosa se ha encargado de hacer creer que existe. La Biblia dice en 1ª. Juan 4:17-18 “En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor” Queda aquí demostrado que la parte espiritual no debería temer o tener miedo; sin embargo, la tergiversación del mensaje del evangelio ha dado como resultado que millones de creyentes vivan en la incertidumbre y el temor. Por supuesto que en esta tarea equivocada –de infundir temor- ha tenido un papel fundamental (¿casi único?) el clero. Por principios de cuentas, al asumirse como autoridad única para interpretar Las Escrituras, se posicionó en el imperio del control de las conciencias. Ello le dio el arma, poderosa, para manejar la vida integra de sus feligreses.
Estamos hablando ya del miedo como elemento intruso en la doctrina, que recurre a la interpretación del texto fuera de su contexto (lo cual es solo pretexto) para validar sus posiciones. Por ejemplo, se le ha enseñado a la gente “bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de los cielos”, bajo esta premisa a los creyentes –ingenuos- se les inhibe en su deseo de superarse, de aspirar a una vida económicamente desahogada en aras de una supuesta vida acorde a la doctrina. Es imponer el miedo de la ira de Dios si alguien decide ignorar esta escritura; sin embargo, el pasaje de la Biblia dice: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3) Este es el sentido auténtico de la Escritura, aquí no hay asomo de miedo, de temor, de incertidumbre. Aquí lo que prima es la fe en su dimensión sublime, donde se asimila que las cuitas de este mundo son un paso necesario para llegar a la eternidad prometida; la recompensa por haber cumplido el propósito de la vida.
El miedo ha sido el recurso mas socorrido por quienes ponen en prioridad sus intereses mezquinos; por aquellos a quienes no les preocupa distorsionar un mensaje de amor y de paz con tal de beneficiarse a si mismos. Y el miedo funciona, y funciona porque el ser humano es desconfiado e influenciable; porque frecuentemente da mas crédito a sus emociones que a su razonamiento. Por que en su proceso de socialización se entrampa en una lucha por el poder y el mas fuerte usa la intimidación para infundir miedo –lo cual logra casi siempre-. Durante la Edad Media, los frailes ordenaron a los artistas que empezaran a hacer pinturas de Jesús con rostro adusto y mirada severa, con colores oscuros; esto con el propósito de que los feligreses tuvieran miedo a la imagen. Sustituyendo así al Jesús imberbe de mirada dulce a quien nadie le tenía miedo. Eso dio como resultado que el temor a “lo alto” se esparciera entre las poblaciones.
El miedo engendra mas miedo, quien cree por temor no puede vivir con satisfacción, no puede dar rienda suelta a todas sus posibilidades. Quien crece temiendo no logrará relacionarse adecuadamente, no alcanzará vivir en la piedad sino en el marasmo de la dogmatización. El “miedo teológico” cumple su función inhibidora cuando el individuo dice: “no, porque se enoja Dios y me castiga” o “me dijo el “padrecito” que no lo hiciera porque “diosito” se puede enojar”. Mas allá de la negación para hacer algo, debe destacarse el grado de sumisión irracional a la palabra de un hombre. La misma Biblia es contraria a esta circunstancia “Examina todo, retén lo bueno y aléjate del mal” (1ª. Tesalonicenses 5: 21-22), esta palabra es mas contundente que cualquier arenga humana por mas disfrazada de piedad que se encuentre. Considero que tener miedo no es el problema, sino la causa o fuente del mismo. Porque cuando quien busca infundir miedo recurre a instancias ajenas a sus palabras, está mostrando su insuficiencia argumentativa; su bajeza moral (en este caso espiritual), eso se llama falsificar. En la realidad de los hechos, quienes falsifican también exhiben, de esa manera, su miedo. El miedo a que se conozca la verdad de sus falsas enseñanzas; el miedo a ser despojados, conceptualmente, de su posición de privilegio; el miedo que se terminen sus privilegios mal habidos. En este caso si que nadie puede estar ajeno al miedo, sobretodo porque conocen la gravedad de sus falsificaciones.
Por lo tanto puedo afirmar que la “teología del miedo” solo es miedo y no teología; dado que la teología es el “estudio acerca de Dios”, la característica principal de Dios es el amor y, como ya lo cité con la Biblia, en el amor no hay temor. Puedo llamarlo “el dogma del miedo” y hay muchos mas elementos para sostenerlo con este nombre. Si el sentir general es que el miedo es inevitable en la vida del ser humano, considero que el aspecto espiritual debe ser un remanso de tranquilidad en medio de la agitación cotidiana. Por eso mi propósito es vivir confiando en Dios, sin temor.
2 comentarios:
Excelente como siempre profe y como siempre cuando leo sus textos me obliga a desempolvar mi diccionario porque sus palabras siempre son muy elevadas para el resto de los mortales (sólo es una broma), además coincido con usted, la iglesia insiste en mostrar a un Dios vengativo y castigador.
Saludos.
Cecilia Covarrubias
Gracias Ceci por tus comentarios siempre positivos y por lo tanto catapultadores; definitivamente es un tema controversial pero muy recurrente. Creo que la próxima vez que nos veamos deberemos charlar un poco al respecto. Cuídate mucho.
Bendiciones
José Antonio Altamirano
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