martes, 23 de febrero de 2010

Un cuentillo leve

EL GOLPE DE PULGARCITA

José Antonio Altamirano

Cuando Pulgarcita recibía el aire fresco en su rostro, recordaba a un antiguo pretendiente que le hablaba que el aire había sido el elemento fundamental, puesto que había dado origen al universo (el pretendiente era piloto). Ella se sentía refrescada; sin embargo, no estaba convencida que el aire fuera el único elemento originario, quizá, pensaba, otros elementos debieron haber intervenido. Uno de sus amigos opinaba que sí, el aire era origen; pero acompañado de otros elementos como el fuego, tierra y agua. Pulgarcita se hallaba confundida, estaba convencida que todo tenía un origen mas ahora no sabía cuál era el elemento esencial.

Un día iba pensando tanto en ello que por no fijarse en el camino cayó en un pozo; el golpe la aturdió tanto que al incorporarse no lograba darse cuenta dónde estaba ni lo que le había pasado. Poco a poco, sentada a un lado del camino, empezaba a recobrar la lucidez. De momento vio venir a unos hombres que se dirigieron hacia ella y la invitaron a seguirlos; le dijeron que necesitaba oír lo que le querían decir para saber dónde estaba y quién era. Prometieron no cobrarle mucho por sus enseñanzas y hacerla muy sabia. Empezaba a caminar a la zaga de aquellos extraños hombres cuando, de pronto, vio que tomaban piedras y las lanzaban a un personaje aún mas extraño. Un tipo que, pareciole, tenía la mirada extraviada y de rasgos muy toscos. A la par de las piedras le dirigían improperios y palabras que a Pulgarcita le parecían eran en otro idioma, pues aunque había escuchado algunas, no las entendía. Entonces aquel hombre que, a decir de algunos, siempre usaba vestiduras paupérrimas y comía como vestía, se volvió con serenidad y empezó a preguntar a quienes veían aquel agresivo espectáculo. Les cuestionó acerca de la vida, el mundo, la naturaleza, el hombre. Ninguna respuesta parecía satisfacerle pues siempre tenía una nueva pregunta; no se cansaba, no claudicaba hasta que los interrogados ya no tenían mas que decirle.

Pulgarcita se dio cuenta que aquel hombre sabía mucho aunque parecía intentar parecer un ignorante. Entonces, resueltamente, corrió tras de aquel hombre y le preguntó sobre el origen del universo (ahora volvía a recordar a su antiguo pretendiente). El hombre aquel le respondió que mas que adquirir un dato como conocimiento debía preocuparse por armonizar su alma. En su discurso empezó a mencionar términos que aun cuando Pulgarcita ya los conocía ahora entendía su significado. Palabras como bondad, belleza, justicia, amor. ¡Por supuesto! –exclamó Pulgarcita- “si son valores como los que nos ha mencionado la profe en la clase de orientación”. Había algo en aquel hombre que le atraía de sobremanera. Le escuchó hablar de educación, de política, del conocimiento. Algo muy interesante fue ver la sencillez con la cual aquel hombre enseñaba. A Pulgarcita le pareció que ese extraño hombre sabía mucho mas de lo que aparentaba. Decidió que de ahí en adelante se convertiría en su seguidora, volvió la mirada para ver el camino que hasta ahí había recorrido y se convenció que el porvenir sería mucho mejor.

De momento, al tornar su rostro, se dio cuenta que aquel sujeto se alejaba y se dirigía a un callejón oscuro del que nadie había salido con vida. Cuando quiso correr tras él, para prevenirlo del peligro al que se aproximaba, chocó violentamente contra un poste, al que en su apresuramiento no vio con anterioridad.

El golpe la aturdió tanto que al incorporarse no lograba darse cuenta dónde estaba ni que le había pasado. Poco a poco, sentada a un lado del camino, empezaba a recobrar la lucidez. De momento vio venir a unos hombres que la miraron raro… ¿qué había pasado? ¿estaba soñando?...

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