Hoy, intentando depurar documentos, descargas y sitios me reencontré con este blog que, por requerimientos académicos, abrí hace tres años y medio. No puedo negar que algo de nostalgia me invadió por momentos, pues en este sitio encontré esbozos de textos y reflexiones -al menos intentos- que realizaba por el puro placer de escribir (claro, después que el pretendido requerimiento académico quedó en el olvido por el profesor que lo estableció). Volví a leer lo aquí publicado y un par de preguntas aparecieron en mi mente: ¿Vale la pena mantener abierto un sitio como este? y ¿Para qué escribir lo que prácticamente nadie más va a leer?
De manera casi automática accedí a la página de edición para responderme a mi mismo y empecé por el segundo cuestionamiento. No importa que nadie más lea lo que uno escribe -a menos que viva de la venta de sus escritos-. Cuando uno escribe deja fluir parte de su esencia. Vino a mi mente unas líneas de una canción de Víctor Manuel: "Dejo sangre en el papel, todo lo que escribo al día siguiente rompería si no fuera porque creo en ti, a pesar de todo tu me haces sentir, me haces escribir dejando el rastro de mi alma y cada verso es un jirón de piel, soy un corazón tendido al sol..." Y no tuve que cavilar más: no importa quién lea lo que uno escriba, si se tiene el corazón para escribir hay que hacerlo en cuanta oportunidad se tenga; es una especie de válvula de escape a las presiones de cada día. Representa la posibilidad de proyectar la esencia de uno mismo, al final de cuentas -que no de cuentos- más que un pasatiempo, es una proyección ontológica.
Así que el primer cuestionamiento quedó rebasado y ya no fue necesario responderlo explícitamente...¿Escribir para qué?...¡Para seguir escribiendo y disfrutar al hacerlo!
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