sábado, 22 de junio de 2013

Jenness Park


Cuando se acerca el final de un ciclo las emociones suelen embargarnos, y entonces lo que decimos se impregna de un sentimentalismo insoslayable. No podemos ignorar el grito que nuestra alma enuncia, no podemos minimizar su efecto en nuestra vida y circunstancias. Cuando se cierra un ciclo es señal inequívoca que otros se abren en el horizonte de nuestra existencia, y debemos afrontarlos con la misma dedicación y entereza que el previo. Es momento oportuno de reflexionar en aquello que ha absorbido parte de nuestro tiempo, esfuerzo y vida, en la impronta que nos lega, y que deberá servirnos para crecer en todos los órdenes de nuestra existencia.

Hoy se cierra un ciclo que inició en mayo de 2004: el viaje de graduación a Jenness Park. Desde entonces –con la excepción del año 2008- he estado aquí disfrutando de la majestuosa creación, así como de la convivencia con alumnas(os) y compañeros(as) docentes. Han sido semanas de disfrute y aprendizaje intensos; de sembrar en los corazones adolescentes la semilla de la palabra de Dios, así como la posibilidad de tener un nuevo estilo de vida que les engrandezca y ennoblezca a cada instante. Han sido días de intensa actividad física, de retos atléticos, de comprensión y tolerancia, de conocer aspectos de la vida que sólo se descubren precisamente en estos escenarios.

He vivido experiencias que se quedaran para siempre en mi mente y corazón, serán parte del baúl de mis tesoros emotivos. Aquellas charlas con adolescentes con necesidades vitales, orar con y por ellos y ellas pidiendo la bendición de Dios para sus vidas, las doce o trece horas de recorrido en el autobús estando atento a sus necesidades, el acostarme después que todos ellos y despertarme antes para saber que están bien; la vista espectacular del comedor hacia el resto del campamento…¡Y mucho más que es imposible citar ahora pues al hacerlo escribiría hojas y hojas!

Agradezco a Dios primeramente por estas ocho oportunidades de estar aquí; a mi esposa e hijas por soportar estas ausencias que obligan siempre a ajustes en nuestra dinámica familiar. A las autoridades del IMAN por pensar en mi para formar parte de este equipo de trabajo; a mis compañeras y compañeros docentes con quienes he compartido la aventura. Solo me resta decir: ¡Jenness Park es un sitio ideal para escuchar la voz de Dios y tomar decisiones trascendentes! ¡No sé si algún día volveré, por ello digo “hasta pronto”, ha sido una gran bendición estar aquí!
(jaat)
junio 20, 2013
20:27 hrs.

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