Hay ocasiones que, debido a las experiencias vividas, suele considerarse la vivencia de los demás como intrascendente; es cuando se recurre a las insensible frases o expresiones: "uy, si tu supieras lo que yo pasé" "a poco apenas te das cuenta de eso", "mmjj, no cabe duda que te falta vivir" o la que proyecta venganza ante la falta de credibilidad: "¡Te lo dije!". Expresiones de este tipo evidencian desinterés en los procesos que los demás van afrontando en sus diferentes etapas de desarrollo, y bloquean la posibilidad de corregir errores pretéritos y con ello mejorar situaciones presentes e incluso futuras.
Si lo que hemos vivido, o hemos tenido en el curso de nuestra vida es excepcionalmente diferente a lo que viven los demás -aunque el predicador bíblico dijo que nada hay nuevo debajo del sol- aquilatémoslo como un tesoro para ir compartiendo conforme se vayan presentando las ocasiones, y no lo pongamos en la vitrina del "yoyismo" ("yo esto, yo lo otro, yo aquello"...) que por la soberbia que exhibe se convierte en lo no deseado de la galería de nuestra vida. Agradezcamos haberlo vivido y levantando la vista hacia las alturas decidamos ser mejor el día de hoy para superar lo hasta entonces vivido.
Ver la sonrisa de mi hija al tener algo que para mi podría ser insignificante, más para ella es algo importante, me ha hecho pensar en la impronta que deja en su vida mi solidaridad emocional, y definitivamente vale la pena compartir el momento -que no fingirlo- a plenitud, y ser partícipe de su hallazgo emotivo...¡Gracias Dios por estos momentos!
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