lunes, 7 de mayo de 2012

El rebate

El debate entre los candidatos presidenciales ha ocupado los titulares en los espacios noticiosos durante las  últimas 24 horas y seguramente esto seguirá así. De tal manera que pareciera que escribir más al respecto se convierte en una necedad, máxime si esto se hace en un espacio que normalmente sólo el autor lee como es este blog. Sin embargo, no quiero quedarme al margen de expresar en estas líneas mis impresiones al respecto, las cuales no están comprometidas con ninguna filiación partidista, son sólo manifestaciones de mi libre ejercicio de expresión.

La discusión acerca de quién ganó el debate nos pone en un callejón sin salida pues de acuerdo a las filiaciones o intereses cada quien dará su veredicto, de tal manera que solamente se expresan preferencias. Eso lo hemos visto con los reiterados sondeos de opinión de los principales diarios y canales de televisión, no deja de llamar la atención la disparidad de criterios. Veía unas fotos de portadas de algunos periódicos regionales en los cuales afirmaban con signos de admiración que Peña Nieto había "demolido a sus adversarios", que había "arrasado" y que ni si quiera se "había despeinado". Obviamente habrá gente que se deja llevar por esa información tendenciosa y de ahí norma su criterio para las decisiones que habrá de tomar respecto a la emisión de su sufragio. Quienes pudieron ver la trasmisión del debate sabrán que eso nunca sucedió, a menos que sus preferencias les obnubilen y decidan orientarse por su decisión de "voto duro".

Cada quien tiene su opinión y es respetable aunque no sea compartida, lo que resalto ahora es que el formato de ejercicio democrático, tal como fue planteado, es muy limitado porque lo único que facilita es una exposición de los candidatos de sus "propuestas" con muy poco margen de confrontación. Así se protegen quienes tienen muy pocos o nulos argumentos. La rigidez de las cámaras impedía ver las reacciones de todos los contendientes. La vacuidad de la "moderadora" hacía ver muy rutinario el proceso aún cuando ella quisiera atenuarlo con esa sonrisa perenne que más que simpatía generaba dudas. Para nadie era un secreto que la discusión se centraría en los tres candidatos con posibilidades, y era esperable el ataque personal de cualquiera de ellos sobres sus contrincantes. En esa circunstancia el títere de Gordillo aparecía constantemente reclamando atención, deslindándose de la actividad política -que alguien le explique que desde el momento que es candidato a un puesto de elección popular ya se ha convertido en un político- como si él estuviera ahí por méritos propios, cuando su posición es decisión de esa persona que es nefasta para la vida política del país.

¿Qué te pareció el debate? era la pregunta más planteada el día de hoy, y las respuestas eran tan variadas que un ejercicio de encuesta hubiera resultado muy complicado; hoy todos se convirtieron en expertos de la política y así las opiniones se manifestaron. No es mi intención decir aquí quién ganó el debate, sino argüir en contra de la intención de generalizar un veredicto. Quien lo vio tiene su propia opinión, si a pesar de eso se mantiene con sus preferencias es perfectamente entendible aunque altamente custionable. Por eso hoy no quiero debatir, sino rebatir la pregunta: ¿Quién ganó el debate?

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