Su mirada emitía más mensajes de
los que las palabras podrían expresar; su sonrisa, manifestación mas sublime de
la ternura y la inspiración, alegraba el ánimo de forma perenne. Ahí, con los
brazos extendidos hacia arriba, emitió cinco palabras que resumían toda una
pléyade de jaculatorias y rogativas: “Gracias Dios por este año”. Al verla no
pudo evitar sumarme a su oración, no podía dejar de hacerlo pues su vida es una
bendición para él y no tenía reparos en hacerlo público. Lentamente se acercó a
ella y extendió sus brazos, se fundieron en un abrazo reconfortante y su
respiración se sincronizó en un ritmo acompasado que asemejaba una melodía de
jazz, con su tono envolvente que hacía suspirar y soñar.
Ahí estaba radiante, viviendo un
día más de experiencias el cual daba el banderazo de salida a un nuevo año que
se vislumbraba prometedor y con desafíos sustanciales para su existencia. Ella
sabía que debía tomar decisiones firmes para seguir avanzando, las quería
tomar; sin embargo, también sabía que para tomarlas debería imponerse a
obstáculos que al paso del tiempo se habían convertido en potenciales piedras
de tropiezo. Cuando sus miradas se encontraron, los mensajes de sentido y
propósito trascendente fluyeron a raudales robusteciendo el compromiso de
filiación que tiempo ha habían establecido.
No hicieron falta más palabras,
un suave y tierno beso en la mejilla reiteró el compromiso irrevocable de
lealtad y entrega; de corazón a corazón, hombro a hombro caminarían juntos y
crecerían al amparo y la sombra del Árbol de la Vida y la Trascendencia. Un
apretón de manos y un postrer abrazo resellaron el compromiso, y las palabras
que sin ser pronunciadas flotaban en el ambiente eran: “Te Quiero y siempre
contarás conmigo”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario