jueves, 26 de abril de 2012

Muy valiente

Tener el valor de alzar la voz cuando se perpetran acciones que pueden poner el riesgo la vida de uno mismo y de los demás es una actitud congruente con la convicción de marcar diferencia en el lugar en el que nos encontremos, sin que el propósito sea el reconocimiento externo sino el compromiso con el bagaje axiológico que se posee. Esto conlleva una firme determinación de externar la convicción sin caer en la represión o la ridiculización; se trata de razonar para que el resultado sea ganar-ganar y no sólo ganar-perder, es decir superar la circunstancia sin que ello signifique evidenciar a los demás y por lo tanto lesionar su integridad. 

La vida cotidiana nos presenta circunstancias de este tipo de manera constante, de ahí la importancia de estar prevenidos para saber cómo reaccionar sin que tengamos que improvisar decisiones. Es necesario establecer resoluciones y declaraciones para aplicar en las contingencias cualesquiera que éstas sean, se trata de saber qué hacer y no preguntarse ¿qué es esto? y ¿cómo salir?. Por ello se hace necesario un diálogo interno y con la familia para establecer esos principios sobre los cuales se va a reaccionar, diálogo que sea intenso y profundo. La Biblia dice que las palabras se repitan a cualquier hora y que toda la familia las tenga bien claras, así que si eso ha funcionado por siglos, no hay razón para pensar que hoy en día no puede seguir funcionando. 

La gente valiente no es la que despotrica a diestra y siniestra y fanfarronea sobre su fuerza física, sino aquella que con determinación y firmeza manifiesta sus inconformidades y explica sus razones, y deja en cada uno de los demás la responsabilidad de sus propias acciones. Esa gente es valiosa y necesaria para enfrentar la confusión axiológica y teleológica de este tiempo...¡La valentía se sustenta en la convicción y no en la presunción!

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