ENRIQUE
No
sabemos por qué le sobrevino ese mal y quizá nunca lo sabremos. En muchas
ocasiones nos vino a la mente la pregunta por qué; pero sabíamos que dirigirla
hacia el cielo era no solo un recurso de impotencia o desesperación, sino de
ingratitud. Después de todo si Dios es quien da la vida, estamos convencidos
que es Él quien tiene el derecho de demandarla. No es fácil describir las
circunstancias que se viven cuando se tiene a un hermano muy joven postrado en
la cama por 16 meses; cuando se recuerdan esos momentos de visita en los
hospitales, en los cuales hay que dar palabras de aliento, y esperanza; de
confianza y seguridad de que todo esta bajo el control de Dios, cuando uno
mismo esta necesitado, urgido de recibir palabras de consuelo y que esa confianza
que tratamos de trasmitir nos la transmitan urgentemente.
Fue
el 18 de mayo de 2007 cuando Enrique ingresó al hospital para no salir de pie
nunca mas, un grupo numeroso de familiares y hermanos en la fe se reunieron a
las afueras de centro médico y tomandose de las manos elevaban plegarias a
Dios. Había en algunos de los rostros preocupación, incertidumbre, incredulidad
incluso curiosidad “¿Cómo es posible que
alguien tan joven y lleno de vida le pase algo así?” era la pregunta que
rondaba en la mente y diálogo de algunos ahí presentes. Mas en la mayoría
emergía la convicción bíblica de que Dios tenia un propósito con lo que estaba
sucediendo.
Nosotros
sabíamos, reforzado con lo que hemos aprendido en nuestro transitar por el Camino de Salvación, que Dios ya
estaba actuando en medio de ese dolor; que Él iba a mostrar algo grande a
través de dicha circunstancia y cada vez que veíamos a nuestro hermano ir
deteriorándose en su salud y apariencia física, nos dolia, sí –nos sigue
doliendo-; pero el Espritu Santo que habita en nosotros nos iba confortando y
haciendo ver a otras alturas que quienes no lo tienen no alcanzan a vislumbrar.
Pasados los meses y las muchas operaciones a las que fue sujeto y cuando
algunos seguían pidiendo el milagro…Dios nos mostró que Enrique mismo era el milagro;
entonces sin ignorar el dolor, la tranquilidad espiritual nos permitió ver todo
desde esa perspectiva. Cada dia que Enrique viviera era una nueva oportunidad
para que un cristiano alrededor del mundo orara por él y de esa manera
estuviera en contacto con Dios. Era, también, otra oportunidad para que
aquellas personas muy cercanas a él se pusieran a cuenta con el Salvador, al
ver como los médicos se sorprendían que Enrique siguiera vivo con el mal que le
aquejaba. Y fue una motivación para que se acrecentara nuestra convicción de
depender totalmente en El en cualquier circunstancia que enfrentemos.
El
25 de septiembre del año 2008 fue el dia que Dios tenia determinado para llevar ante su
presencia gloriosa a su hijito Enrique Reyes Galindo, por él padeció y murió
Jesus en la cruz del calvario. Ese dia el volvió a caminar, hablar, sonreir y,
sobre todo, alabar a Dios a viva voz. Su presencia física ya nunca mas estará
entre nosotros, nunca mas le oiremos decir, cuando se le invitaba a comer: “¿no me hará daño”, tampoco alguien mas
será objeto de alguna de sus bromas tan características en él. Sí, eso no
volverá nunca mas; pero lo que si permanecerá y crecerá no solo es su recuerdo
sino la convicccion de que Dios es el único que puede guiarnos y hacernos pasar
victoriosos por el valle de la muerte y que su vara y su cayado nos infunden
aliento. Gracias a Dios a por habernos permitido disfrutar de la presencia
física de Enrique y recordarnos, a través de su partida, que Él es el dador de
la vida y quien nos la demandará cuando hallamos cumplido nuestro propósito.
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