jueves, 26 de septiembre de 2013

Enrique Reyes Galindo (El maracas)


ENRIQUE

No sabemos por qué le sobrevino ese mal y quizá nunca lo sabremos. En muchas ocasiones nos vino a la mente la pregunta por qué; pero sabíamos que dirigirla hacia el cielo era no solo un recurso de impotencia o desesperación, sino de ingratitud. Después de todo si Dios es quien da la vida, estamos convencidos que es Él quien tiene el derecho de demandarla. No es fácil describir las circunstancias que se viven cuando se tiene a un hermano muy joven postrado en la cama por 16 meses; cuando se recuerdan esos momentos de visita en los hospitales, en los cuales hay que dar palabras de aliento, y esperanza; de confianza y seguridad de que todo esta bajo el control de Dios, cuando uno mismo esta necesitado, urgido de recibir palabras de consuelo y que esa confianza que tratamos de trasmitir nos la transmitan urgentemente.

Fue el 18 de mayo de 2007 cuando Enrique ingresó al hospital para no salir de pie nunca mas, un grupo numeroso de familiares y hermanos en la fe se reunieron a las afueras de centro médico y tomandose de las manos elevaban plegarias a Dios. Había en algunos de los rostros preocupación, incertidumbre, incredulidad incluso curiosidad “¿Cómo es posible que alguien tan joven y lleno de vida le pase algo así?” era la pregunta que rondaba en la mente y diálogo de algunos ahí presentes. Mas en la mayoría emergía la convicción bíblica de que Dios tenia un propósito con lo que estaba sucediendo.

Nosotros sabíamos, reforzado con lo que hemos aprendido en nuestro transitar por el Camino de Salvación, que Dios ya estaba actuando en medio de ese dolor; que Él iba a mostrar algo grande a través de dicha circunstancia y cada vez que veíamos a nuestro hermano ir deteriorándose en su salud y apariencia física, nos dolia, sí –nos sigue doliendo-; pero el Espritu Santo que habita en nosotros nos iba confortando y haciendo ver a otras alturas que quienes no lo tienen no alcanzan a vislumbrar. Pasados los meses y las muchas operaciones a las que fue sujeto y cuando algunos seguían pidiendo el milagro…Dios nos mostró que Enrique mismo era el milagro; entonces sin ignorar el dolor, la tranquilidad espiritual nos permitió ver todo desde esa perspectiva. Cada dia que Enrique viviera era una nueva oportunidad para que un cristiano alrededor del mundo orara por él y de esa manera estuviera en contacto con Dios. Era, también, otra oportunidad para que aquellas personas muy cercanas a él se pusieran a cuenta con el Salvador, al ver como los médicos se sorprendían que Enrique siguiera vivo con el mal que le aquejaba. Y fue una motivación para que se acrecentara nuestra convicción de depender totalmente en El en cualquier circunstancia que enfrentemos.

El 25 de septiembre del año 2008 fue el dia que Dios tenia determinado para llevar ante su presencia gloriosa a su hijito Enrique Reyes Galindo, por él padeció y murió Jesus en la cruz del calvario. Ese dia el volvió a caminar, hablar, sonreir y, sobre todo, alabar a Dios a viva voz. Su presencia física ya nunca mas estará entre nosotros, nunca mas le oiremos decir, cuando se le invitaba a comer: “¿no me hará daño”, tampoco alguien mas será objeto de alguna de sus bromas tan características en él. Sí, eso no volverá nunca mas; pero lo que si permanecerá y crecerá no solo es su recuerdo sino la convicccion de que Dios es el único que puede guiarnos y hacernos pasar victoriosos por el valle de la muerte y que su vara y su cayado nos infunden aliento. Gracias a Dios a por habernos permitido disfrutar de la presencia física de Enrique y recordarnos, a través de su partida, que Él es el dador de la vida y quien nos la demandará cuando hallamos cumplido nuestro propósito.

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