La
internailización del mensaje de Vida representa la conciencia para
cumplir La Misión, y ésta es tarea que está dada a todos aquellos que
adquieren un compromiso de Discipulado. Las evidentes fallas en el
proceso son resultado de la falla de origen: incomprensión
del sentido del Mensaje. Luego entonces, no todos los congregantes son
discípulos, y al asignarles responsabilidades en la Obra van a trasmitir
sólo aquello que poseen, y de esa manera las fallas empiezan a
perpetuarse. Efectivamente, el discipulado es un estilo de vida, el
estilo de vida del Maestro; estilo, al que en el afán de sinonimizar el
"éxito" a los números, se le han endilgado "rebajas cualitativas". Por
eso el mundo no es trastornado ante la presencia de las iglesias
evangélicas. En esta responsabilidad ontológica y teleológia, cada quien
es su propio parámetro de cumplimiento. Últimamente leo, con zozobra,
opiniones en el sentido que la falta de compromiso de las iglesias es
resultado de la mínima, o nula, labor de los pastores. Siendo pastor
asumo las responsabilidades intrínsecas de mi Ministerio, y la
autoevaluación se vuelve una obligación ineludible. Por ello mismo,
revaloro mi posición, y sé que debo seguir redoblando el esfuerzo con un
ritmo de presente progresivo que no se detiene. Más no se debe ignorar
que el llamado a asumir el discipulado como un estilo de vida fue dado a
todos los que fueron, son y serán persuadidos por el evangelio. El
concepto es persuadido y no convertido, de ahí parte otra de las fallas
del proceso. Acusar a los pastores de la falta de compromiso de los
miembros es algo así como un neo-deporte eclesiástico, evadir las
responsabilidades y asignarlas a otros (pastores) es una muestra
palpable de latencia de ese status quo del confort. Estoy de acuerdo en que la predicación del
evangelio se "emparedó", más no sólo los pastores contribuyeron a
ello...iEsa si ha sido una labor de trabajo en equipo efectiva!. Lo
alentador de todo este tipo de cuestionamientos, inquietudes o desafíos
mentales -espirituales- es que el péndulo de las decisiones
trascendentes está en cada uno, porque una vez que nos hemos dado cuenta
de las fallas (¿de los pastores?) seguir en ellas es responsabilidad de
cada uno, y ya no se puede atribuirlas a terceros. Es momento oportuno
para que cada uno piense, razone, analice, reflexione y accione. ¿Qué
tanto o de qué manera estoy cumpliendo con La Misión? ¿En qué estoy
invirtiendo mis recursos -internos y externos- mientras voy transitando
por la vida cotidiana? ¿A cuántos misioneros estoy sosteniendo, si es
que yo no he podido desplazarme a los campos misioneros? ¿Lo que
comparto, por cualesquiera sean los medios posibles, tiene que ver con
el engrandecimiento del Reino de los Cielos? ¿Cómo he respondido al
llamado esencial de Jesús: SIGUEME? ¿Soy realmente un seguidor de Jesús?
¿Cómo lo proyecto en mi vida? Las respuestas son personales, y de la
sinceridad de las mismas hablará mi boca y acciones siempre y en todo
lugar.
Bendiciones
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