jueves, 27 de febrero de 2014

Responsabilidad personal

La internailización del mensaje de Vida representa la conciencia para cumplir La Misión, y ésta es tarea que está dada a todos aquellos que adquieren un compromiso de Discipulado. Las evidentes fallas en el proceso son resultado de la falla de origen: incomprensión del sentido del Mensaje. Luego entonces, no todos los congregantes son discípulos, y al asignarles responsabilidades en la Obra van a trasmitir sólo aquello que poseen, y de esa manera las fallas empiezan a perpetuarse. Efectivamente, el discipulado es un estilo de vida, el estilo de vida del Maestro; estilo, al que en el afán de sinonimizar el "éxito" a los números, se le han endilgado "rebajas cualitativas". Por eso el mundo no es trastornado ante la presencia de las iglesias evangélicas. En esta responsabilidad ontológica y teleológia, cada quien es su propio parámetro de cumplimiento. Últimamente leo, con zozobra, opiniones en el sentido que la falta de compromiso de las iglesias es resultado de la mínima, o nula, labor de los pastores. Siendo pastor asumo las responsabilidades intrínsecas de mi Ministerio, y la autoevaluación se vuelve una obligación ineludible. Por ello mismo, revaloro mi posición, y sé que debo seguir redoblando el esfuerzo con un ritmo de presente progresivo que no se detiene. Más no se debe ignorar que el llamado a asumir el discipulado como un estilo de vida fue dado a todos los que fueron, son y serán persuadidos por el evangelio. El concepto es persuadido y no convertido, de ahí parte otra de las fallas del proceso. Acusar a los pastores de la falta de compromiso de los miembros es algo así como un neo-deporte eclesiástico, evadir las responsabilidades y asignarlas a otros (pastores) es una muestra palpable de latencia de ese status quo del confort.  Estoy de acuerdo en que la predicación del evangelio se "emparedó", más no sólo los pastores contribuyeron a ello...iEsa si ha sido una labor de trabajo en equipo efectiva!. Lo alentador de todo este tipo de cuestionamientos, inquietudes o desafíos mentales -espirituales- es que el péndulo de las decisiones trascendentes está en cada uno, porque una vez que nos hemos dado cuenta de las fallas (¿de los pastores?) seguir en ellas es responsabilidad de cada uno, y ya no se puede atribuirlas a terceros. Es momento oportuno para que cada uno piense, razone, analice, reflexione y accione. ¿Qué tanto o de qué manera estoy cumpliendo con La Misión? ¿En qué estoy invirtiendo mis recursos -internos y externos- mientras voy transitando por la vida cotidiana? ¿A cuántos misioneros estoy sosteniendo, si es que yo no he podido desplazarme a los campos misioneros? ¿Lo que comparto, por cualesquiera sean los medios posibles, tiene que ver con el engrandecimiento del Reino de los Cielos? ¿Cómo he respondido al llamado esencial de Jesús: SIGUEME? ¿Soy realmente un seguidor de Jesús? ¿Cómo lo proyecto en mi vida? Las respuestas son personales, y de la sinceridad de las mismas hablará mi boca y acciones siempre y en todo lugar. 
Bendiciones

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